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José Núñez, un voluntario con el Cuerpo de Paz, regreso a Lancaster tras dos años de servicio en la República Dominicana.

Dejar la comodidad personal para hacer trabajo voluntario en el extranjero no es para todos. Puede ser difícil pero no imposible, especialmente para aquellos que están verdaderamente comprometidos a servir y tienen un celo para lograr un cambio positivo en las vidas de las personas empobrecidas.

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Núñez Ruiz, de 44 años, tiene una larga historia de voluntariado que comenzó cuando apenas tenía 19 años.

“Mi primera experiencia de trabajo voluntario fue con el programa de niños del Ejército de Salvación” dice. “Sabía que ayudar a los demás era mi vocación y quería hacer algo”.

Recientemente regresó de la República de Dominica después de servir allí durante dos años como voluntario en el Cuerpo de Paz.

Su inspiración y estímulo para ayudar a los menos afortunados que él provino de su difunta madre, Luz Verónica Martínez Ruiz.

“Ella siempre me enseñó a amar y servir a los demás”, él dice.

Núñez Ruiz viajó a su tierra natal de Puerto Rico en 2012 para ayudar a su padre y pasar tiempo con su familia cercana.

“Lo disfruté tanto que decidí mudarme allí”, dice. “La gente aquí pensaba que estaba loco”.

Durante el tiempo en que vivió en Puerto Rico trabajó en un casino, pero también se unió a AmeriCorps, una red de programas de servicio público apoyado por el gobierno de Estados Unidos que aborda las necesidades críticas de las comunidades a través del país.

Durante tres años, trabajó en los programas extracurriculares de AmeriCorps para ayudar a los estudiantes con matemáticas, inglés y habilidades sociales.

“Me asignaron una escuela en Barrio Cucharilla, en la ciudad norteña de Cataño. Tienen una de las tasas más altas de abandono escolar en la isla. Fui parte de su programa de tutoría”, dice.

Fue durante ese tiempo que otro voluntario le habló de Peace Corps, un programa de voluntarios administrado por el gobierno de los Estados Unidos que provee desarrollo económico y social a comunidades en países de todo el mundo.

La respuesta de la mujer a su interés en esa organización sorprendió a Núñez Ruiz.

“Ella me dijo: ‘El programa no es para gente como tú’”, y yo la miré fijamente, sin poder decir ni una palabra. Hasta el día de hoy, no estoy seguro de qué fue lo que ella quiso decir”, dice Núñez Ruiz.

Esa conversación se repitió en su mente una y otra vez, y le dio el impulso que necesitó para dar el siguiente paso.

“Creo que Dios hace las cosas por una razón, así que al día siguiente presenté mi solicitud para ir a El Salvador con el Cuerpo de Paz”, dice.

Los voluntarios del Cuerpo de Paz se sumergen en las comunidades a las que sirven, trabajando con líderes locales para enfrentar los desafíos más apremiantes de la comunidad en relación con la agricultura, el medio ambiente, el desarrollo económico de la comunidad, la salud, la educación y la juventud en desarrollo, entre otras cosas.

Según el sitio web de la organización, hay 7,367 voluntarios que actualmente prestan servicios en países de todo el mundo. La mayoría de ellos sirven en el programa de 2 años.

“Hay un largo proceso de solicitud que a veces fue un poco desafiante, y también envuelve mucho entrenamiento en diferentes niveles mientras uno sirve”, dice. “Tienes que cumplir ciertos estándares en áreas que incluyen la integración técnica y lingüística, cultural y de salud”, dice Núñez Ruiz.

Desafortunadamente, el Cuerpo de Paz suspendió su programa en El Salvador antes de que él pudiera viajar allí debido a la situación de seguridad en el país.

“Fue una desilusión. Tenía algunos amigos de El Salvador y estaba deseando servir en su país”, dice.

En cambio, se le ofreció la oportunidad de trabajar con jóvenes y familias en la República Dominicana.

Los voluntarios, dice, son tradicionalmente enviados a los sectores más pobres del país donde muchas familias viven en necesidad.

“Soy un hablante nativo del idioma español, así que pude hacer muchos proyectos para ayudar a otros voluntarios a integrarse en esas comunidades y aprender más sobre la cultura”, dice.

Núñez Ruiz fue juramentado como voluntario de Peace Corps en octubre de 2016 y fue enviado al sector Galindo en el municipio de Comendador, en la provincia de Elías Piña, cerca de la frontera con Haití.

Unas semanas antes, el huracán María había devastado su tierra natal de Puerto Rico de manera que mantenerse enfocado en su trabajo fue una tarea muy estresante y difícil.

“Puerto Rico había sido declarado un desastre nacional, pero no yo no podía ir a ver a mi familia”, dice Núñez Ruiz. “Yo tenía órdenes de ayudar a mis hermanos y hermanas dominicanos a través de este programa. Mientras tanto me preguntaba cómo estaba mi familia a solo unas pocas millas a través del océano. Lo que no sabía era que la gente dominicana me estaba ayudando a mí”.

Los residentes del barrio donde trabajaba comenzaron a reunir suministros para que Núñez Ruiz pudiera enviarlos a su familia en Puerto Rico.

“Estas personas y yo nos convertimos en familia”, dice.

Durante su tiempo allí, dirigió un campamento de verano para niños, supervisó proyectos ambientales con los jóvenes y desarrolló un programa de radio para padres.

“Me di cuenta de que era una buena manera de involucrar y educar a los padres sobre los derechos de sus hijos, los problemas de disciplina, el abuso infantil, la nutrición, el sexo y el embarazo”, dice.

Los niños y jóvenes aprendieron formas de cuidar el medio ambiente y comenzaron un proyecto para recoger basura en su vecindario.

Núñez Ruiz también colaboró con la Oficina del Ministerio de la Mujer, que lidera la implementación de políticas públicas y programas que contribuyen a la igualdad de género, y al ejercicio pleno de la ciudadanía para las mujeres dominicanas.

“Se trataba de las mujeres, sí, pero también trabajamos en lo que ellos llaman la "nueva masculinidad”, que fue una iniciativa para que los hombres hablen con otros hombres sobre cómo pueden ser defensores de las mujeres y sus derechos", dice.

“Se trataba de intentar romper la cultura del machismo ... los hombres también pueden lavar platos, sabes”, dice.

Su trabajo no terminó ahí.

“Desarrollamos aproximadamente 20 multiplicadores comunitarios. Estos son jóvenes entre 14 y 28 años de edad que fueron capacitados para hacer el mismo trabajo que nosotros, pero a su nivel de habilidad y comprensión, para que la comunidad siga creciendo y desarrollándose”, dice. “¿Por qué esperar hasta que sean adultos cuando podemos empezar a trabajar con ellos lo antes posible?”

Ahora que ha regresado a Lancaster, Núñez Ruiz aprovecha cada oportunidad para hablar con otros sobre su experiencia.

“Me encanta ayudar a las personas y el Cuerpo de Paz me ha brindado la oportunidad de ser un embajador de buena voluntad. Es el mejor lugar para estar. El voluntariado es importante”, dice.

"Mi madre tenía razón. Sé que podemos hacer de este mundo un lugar mejor", dice Núñez Ruiz.