Recrean cráneo de homínido a partir de análisis de ADN

La imagen distribuida por la Universidad Hebrea de Jerusalén muestra una escultura de una hembra joven de homínido de Denísova basada en un perfil del esqueleto reconstruido con mapas de metilación del antiguo ADN. Los científicos dicen que han reconstruido el cráneo y otros rasgos del homínido de Denísova, un primo misterioso del hombre de Neanderthal, mediante el análisis de ADN.

NUEVA YORK (AP) — Un grupo de científicos ha podido descifrar los rasgos del cráneo y otros detalles de un misterioso primo desaparecido del hombre de Neanderthal mediante el análisis de ADN.

El material genético provino del hueso de un dedo de una hembra del homínido de Denísova, una población conocida principalmente por los fragmentos de huesos y dientes hallados en la cueva de ese nombre en Siberia.

Los homínidos habrían ocupado la cueva desde hace unos 200.000 años hasta 50.000 años atrás. Recientemente se identificó en China un fragmento de mandíbula de un homínido de Denísova de hace 16.000 años, pero ese dio escasos indicios del aspecto de los homínidos.

El ser humano moderno no desciende del homínido de Denísova ni del Neanderthal, pero nuestra especie se cruzó con ambos y recogió marcadores genéticos que aún se detectan en ciertas poblaciones.

El trabajo nuevo utilizó ADN de dos Neandertales, cinco miembros antiguos y 55 modernos de nuestra especie y cinco chimpancés, además del dedo del homínido. Los resultados fueron publicados en la revista Cell el jueves por Liran Carmel y colaboradores de la Universidad Hebrea de Jerusalén.

Buscaron diferencias de niveles de actividad de genes específicos que afectan los rasgos anatómicos, los que a su vez dieron indicios en la apariencia correspondiente a esos rasgos. Identificaron 32 rasgos que dieron indicios sobre el esqueleto del homínido.

Como se preveía, la mayoría eran similares a los del Neandertal, con mandíbulas robustas, frente baja, caja torácica grande y pelvis ancha.

El análisis indica que la cara del Denísova era más ancha que la del Neandertal y más prominente que la de nuestra especie, aunque no tanto como la del Neanderthal. Los cálculos no indicaron la magnitud de esas diferencias.

Ese análisis puede indicar a los científicos cómo evolucionaron nuestros antepasados y cómo difirió su desarrollo, dijo Carmel en un correo electrónico.

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