Q&A: WHO representative addresses China's new virus outbreak

Empleados de organismos de salud esperan a la salida de un avió para tomar la temperatura de los pasajeros que provenientes de la ciudad china de Wuhan el 22 de enero del 2020 en el aeropuerto de Beijing. Las autoridades chinas que lidian con un brote de un contravirus parecen hoy mucho más transparentes que en el 2003, cuando hicieron frente a un brote de SARS y ocultaron durante bastante tiempo la magnitud del problema.

BEIJING (AP) — Cuando un virus comenzó a expandirse esta semana en Wuhan, ciudad del centro de China, el Partido Comunista gobernante emitió una severa advertencia: “Cualquiera que deliberadamente demore u oculte información habrá cometido un acto vergonzoso de proporciones históricas”.

La amenaza emitida el martes reflejó la creciente confianza de China y su toma de consciencia acerca de los problemas de la censura.

La advertencia encabezó una reproducción de un artículo publicado en las redes sociales que aludía directamente al Síndrome Respiratorio Agudo Grave (más conocido por sus siglas en inglés, SARS), una epidemia que no solo devastó partes de China sino que también sacó a la luz un engaño del gobierno.

Casi dos décadas después, una China más segura de sí misma parece decidida a no repetir los errores del pasado.

El gobierno, en todos sus niveles, “debe priorizar las vidas y la salud del pueblo”, dijo el presidente chino Xi Jinping el lunes. “Es necesario difundir información de la epidemia rápidamente y una profunda cooperación internacional”.

Bajo el gobierno de Xi, considerado el líder más autoritario que tiene China en décadas, el país ha adoptado una estrategia de relaciones públicas más dinámica, mostrando una mayor determinación para controlar lo que se dice a partir de la difusión de la información que tiene, en lugar de tratar de hacer desaparecer un tema explosivo.

El brote, que ya ha contagiado a más de 500 personas y matado a por lo menos 17, es una importante prueba para Xi en momentos en que trata de enfrentar serios retos, incluidos una desaceleración de la economía china, una guerra comercial con Estados Unidos, protestas antigubernamentales en Hong Kong y tensiones con Taiwán, señaló Joseph Cheng, observador político de Hong Kong.

“Esto podría ayudarlo a guardar las apariencias”, expresó Cheng. “Sabe cuáles serán las consecuencias para su liderazgo --y su reputación-- si no puede manejar esto”.

Las declaraciones del lunes de Xi fueron sus primeros comentarios desde que surgió el brote y parecieron destinadas a calmar la opinión pública china, tratando de asegurarle de que no habrá otro encubrimiento como el que hubo con el brote de SARS.

En esa ocasión, China trató por meses de ocultar la cantidad de casos, instalando a los pacientes en hoteles y en pabellones aislados de los hospitales, e incluso paseándolos en ambulancias para evitar que fuesen detectados por expertos de la Organización Mundial de la Salud.

Por entonces China apenas empezaba a usar la internet y todavía no se habían popularizado los teléfonos celulares. Beijing debía montar los Juegos Olímpicos del 2008 y el país estaba recién en los albores de un boom económico.

Las personas que revelasen información del SARS que no había difundido el gobierno podían ser acusadas de filtrar secretos de estado. Los medios de prensa no hablaban del tema. El encubrimiento salió a la luz cuando un médico retirado de alto nivel habló finalmente del asunto.

En muchos sentidos, China es un país muy diferente hoy: Más próspero y mejor equipado, con muchos más recursos e infraestructura. Por más que el PC siga siendo un órgano sigiloso, que no tolera disensos, las redes sociales hacen que resulte mucho más difícil evitar la propagación de noticias de accidentes, brotes de enfermedades y otras noticias ajenas a la política.

David Heymann, un médico que supervisó la respuesta mundial de la OMS al SARS en el 2003, dijo que las autoridades chinas son hoy mucho más trasparentes y que da la impresión de que el gobierno empezó a informar acerca del nuevo virus apenas fue identificado.

“Creo que se están haciendo bastante bien las cosas comparado con lo que pasó al comienzo con el SARS”, manifestó Heymann.

Al descubrirse a fines del año pasado un nuevo tipo de coronavirus, de la misma familia del virus del SARS, los organismos estatales se movilizaron e hicieron numerosos llamados al público. Expertos del gobierno se presentaron en la televisión y se prepararon coloridos gráficos exhortando a la ciudadanía a que se lave las manos y use máscaras.

“El gobierno parece bastante organizado y le da mucha importancia” al virus, expresó Zhang Wei, empleado de oficina de 27 años de Wuhan, quien el miércoles por la tarde fue a una farmacia a comprar máscaras. “Si hacemos lo que nos dicen para protegernos, no creo que haya grandes problemas”.

En una sesión informativa del miércoles, un periodista le preguntó a un funcionario de la Comisión Nacional de la Salud si el gobierno ocultaba información. El funcionario, Xu Shuqiang, respondió que se estaba difundiendo todas las cifras disponibles desde el primer momento y que se seguirá haciendo.

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En este despacho colaboraron los videoperiodistas de la Associated Press Emily Wang y Dake Kang, en Wuhan, China, así como la reportera del departamento medico de AP Maria Cheng desde Londres.

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