AUSTIN, Texas, EE.UU. (AP) — Texas y Florida dieron marcha atrás el viernes y adoptaron de nuevo medidas contra los bares, mientras el número diario de infecciones confirmadas de coronavirus en todo Estados Unidos alcanzaba la cifra sin precedente de 40.000.

El gobernador de Texas, Greg Abbott, ordenó el cierre de todos los bares, mientras que Florida prohibió el consumo de alcohol en dichos establecimientos. Ambos estados se sumaron a una pequeña pero creciente lista de entidades que han suspendido una mayor reapertura de sus economías debido a rebrotes, principalmente en el sur y el oeste del país.

Los expertos en salud han dicho que se está registrando un preocupantemente elevado número de infecciones entre personas jóvenes que están saliendo otra vez, a menudo sin mascarillas y sin acatar otras medidas de distanciamiento social.

“Es evidente que el aumento de los casos es impulsado principalmente por cierto tipo de actividades, como la asistencia de texanos en los bares”, declaró Abbott.

Abbott había emprendido una de las calendarizaciones más dinámicas de reapertura en el país. El republicano se había resistido a las exigencias de que ordenara el uso de mascarillas y también se había rehusado hasta la semana pasada a permitir que los gobiernos locales impusieran esa medida.

“Los médicos nos dijeron en su momento, y lo manifestaron a quien escuchara, que esto sería un desastre. Y lo ha sido”, declaró el juez demócrata Clay Jenkins, la autoridad de más alto rango del condado Dallas. “Una vez más, el gobernador actúa con lentitud. Ahora se ve obligado a hacer las cosas que le exigimos hiciera en el último mes y medio”.

Texas reportó más de 17.000 casos nuevos en los últimos tres días, y el jueves alcanzó un récord de casi 6.000. El segundo estado más poblado también ha registrado récords diarios de hospitalizaciones, y el viernes rebasó por primera vez los 5.000 pacientes de coronavirus internados.

En Florida, por instrucción del gobernador republicano Ron DeSantis, la agencia que regula los bares adoptó medidas después de que el número diario de nuevos casos confirmados se acercara a los 9.000, casi el doble del récord de hace apenas dos días.

Colleen Corbett, una camarera de 30 años que trabaja en dos establecimientos en Tampa, se dijo molesta y preocupada de quedarse de nuevo sin trabajo, pero señaló que las restricciones son la medida correcta. La mayoría de los clientes no utilizaban mascarillas, apuntó.

“Parece como si hubieran olvidado que hay una pandemia o simplemente dejaron de preocuparse”, señaló Corbett.

Varios de los estados más afectados, como Arizona y Arkansas, tienen gobernadores republicanos que se han resistido a decretar como obligatorio el uso de mascarillas y han reiterado el deseo del presidente Donald Trump de reabrir la economía rápidamente pese a las advertencias de que podría haber nuevos brotes de coronavirus.

La cifra de muertes por coronavirus en Estados Unidos ha estado rondando las 600 por día a últimas fechas, comparadas con unas 2.200 en el pico alcanzado en abril. Algunos expertos dudan que se alcance ese nivel nuevamente debido a los avances en tratamiento y prevención.

El virus ha causado unas 125.000 muertes y ha infectado a casi 2,5 millones de personas en Estados Unidos, según un conteo de la Universidad Johns Hopkins. Pero las autoridades de salud creen que el número de casos es 10 veces mayor. A nivel global, el virus ha cobrado cerca de medio millón de vidas.

Luisiana reportó su segundo día con más de 1.300 casos confirmados, una cifra que hizo que el gobernador demócrata John Bel Edwards suspendiera un mayor levantamiento de las restricciones a la movilidad. El gobernador republicano de Arizona, Doug Ducey, hizo lo mismo, ya que los casos nuevos en su estado superan los 3.000 al día y 85% de las camas de hospital están ocupadas.

Por segunda vez en una semana, Tennessee reportó su mayor incremento diario en infecciones confirmadas, con más de 1.400, pero el gobernador republicano Bill Lee ha sido reacio a reimponer restricciones o a exigir el uso de mascarillas.

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Smith informó desde Providence, Rhode Island. Los periodistas de The Associated Press en el todo EEUU contribuyeron a este despacho.

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